27 diminutos mundos de hielo acaban de ser descubiertos más allá de Neptuno, entre los objetos más débiles jamás observados. Publicados el 8 de septiembre de 2026 en The Astronomical Journal, dos estudios esconden una sorpresa: estas reliquias heladas conservan los colores de su nacimiento, hace más de 4.500 millones de años.

Esto es lo que la pareja Hubble y Webb acaba de revelar, y por qué sacude nuestros modelos de fabricación de planetas.

Los diminutos mundos descubiertos por Hubble y Webb. Crédito: centro de vuelo espacial Goddard de la NASA, productor principal: Paul Morris.

27 puntos de luz, uno como un enjambre de luciérnagas en la Luna

27 objetos nuevos, y una sola parcela de cielo. Por primera vez, dos telescopios observaron el mismo lugar al mismo tiempo: Hubble, especialista en luz visible, la que ve nuestro ojo, y Webb, cazador de infrarrojo, la luz invisible que emiten los cuerpos fríos. Este sondeo es el más profundo jamás realizado sobre estos objetos. Desenterró 27 nuevos objetos transneptunianos, pequeños cuerpos de hielo que orbitan alrededor del Sol más allá de Neptuno, en el gran frío de la frontera del sistema solar.

La cosecha roza lo imposible. La mayoría de estos objetos brillan 100 millones de veces menos de lo que el ojo humano percibe. El más tenue de los 27 equivale, según el cálculo de la NASA, a divisar desde la Tierra un pequeño enjambre de luciérnagas posado en la Luna. En cuanto al más pequeño, mide unos 5 km de diámetro, cinco veces menos que el límite de detección de los mejores telescopios terrestres. Trece de ellos fueron recuperados en las imágenes de Hubble en luz visible: suficiente para medir cada color en un rango que va del visible al infrarrojo cercano.

Ilustración de un objeto transneptuniano: un bloque irregular de hielo y roca con contornos escarpados, flotando en el espacio negro más allá de Neptuno.
Cómo es un objeto transneptuniano: un trozo irregular de hielo y roca, tan pequeño y lejano que ni siquiera Hubble y Webb lo ven más que como un punto de luz. Crédito: NASA, ESA, G. Bacon (STScI).

Fósiles helados que conservan los colores de su nacimiento

¿Por qué tanto cuidado con unos puntos de luz? Porque estos cuerpos son fósiles. Hace 4.500 millones de años, un disco de polvo y gravilla giraba en torno al joven Sol. Los granos se aglomeraron en planetesimales, bloques del tamaño de una ciudad, los ladrillos elementales de los planetas. Más cerca del Sol, esos ladrillos acabaron ensamblándose en planetas. Más allá de Neptuno, la segunda fase nunca llegó a producirse: la población quedó congelada, una obra abandonada desde el nacimiento del sistema solar.

Ilustración de la sonda New Horizons sobrevolando Arrokoth, un pequeño cuerpo bilobulado del cinturón de Kuiper, con estrellas de fondo.
Sobrevuelo de Arrokoth, un planetesimal del cinturón de Kuiper explorado por la sonda New Horizons el 1 de enero de 2019: el mismo tipo de bloque que los 27 objetos nuevos. Crédito: NASA, Johns Hopkins APL, Southwest Research Institute, Steve Gribben.

Los astrónomos esperaban, pues, que los más pequeños, zarandeados durante miles de millones de años por colisiones, lucieran superficies remodeladas y, por tanto, colores distintos de los de sus primos grandes. El color funciona como una huella dactilar: delata la composición de la superficie. Las medidas dicen justo lo contrario. Los cuerpos pequeños comparten los colores de sus primos mayores, en ambas familias.

«Es realmente fascinante ver que los objetos más pequeños, de alguna manera, recuerdan y preservan la historia de cómo se fabricaron», describe Anastasia Morgan, doctoranda en la Universidad del Norte de Arizona, que dirigió el estudio de los colores (cita traducida del inglés). «Estos objetos dinámicamente calientes conservan la firma de su lugar de nacimiento, aunque sus órbitas hayan quedado revueltas desde entonces», añade David Trilling, coautor del estudio en el mismo laboratorio.

Quedan dos explicaciones sobre la mesa: o hay menos colisiones de lo previsto, o estos cuerpos lograron preservar su composición original pese a los impactos. El equipo sigue trabajando en ello.

Frías o calientes: dos familias, la misma receta

Los investigadores apuntaron a dos familias de objetos. Los fríos permanecieron en sus órbitas originales, casi circulares, en el plano del sistema solar. Los calientes nacieron más cerca del Sol, entre las posiciones actuales de Urano y Neptuno, y luego fueron propulsados hacia fuera cuando los planetas gigantes migraron al comienzo de la historia del sistema solar. Como canicas empujadas fuera de la mesa por otras canicas en movimiento, hoy viven en órbitas muy alargadas que los sacan del plano.

Ilustración del sistema Altjira, un probable trío de cuerpos helados del cinturón de Kuiper, con un Sol lejano y la Vía Láctea de fondo.
Ilustración de Altjira, un probable trío del cinturón de Kuiper, el depósito de objetos helados más allá de Neptuno. Crédito: NASA, ESA, Joseph Olmsted (STScI).

Los datos de Webb también permitieron contar los objetos por tamaño. Resultado inesperado: las dos familias muestran distribuciones de tamaños casi idénticas. «Es muy interesante que el proceso de formación de los planetesimales acabe produciendo la misma distribución de tamaños para ambas poblaciones, aunque se formaran en regiones distintas del sistema solar primitivo», describe Marielle Eduardo, doctoranda en la Universidad de Victoria, que dirigió el estudio (cita traducida del inglés). «El proceso parece insensible a las condiciones del disco: produce planetesimales de tamaños similares, sea el disco caliente o frío, denso o ligero.»

Dicho de otro modo: no importa dónde se fabrican, la gama de tamaños sigue siendo la misma. Los modelos de formación planetaria tendrán que explicar esa constancia.

Menos mundos pequeños de lo previsto, y eso viene bien

Queda el recuento, con su punto de sal. Se registran menos cuerpos muy pequeños de lo que predecían algunos modelos de formación planetaria. El sondeo no invalida esos modelos: los pone a prueba. Cada censo de este tipo sirve de banco de pruebas, y los modelos tendrán que ajustarse para encajar con las observaciones.

La pareja Hubble y Webb muestra además una cosa: juntos ven lo que ninguno ve solo, la sensibilidad de Hubble en luz visible y la de Webb en infrarrojo se complementan. Esta primera muestra de 27 objetos, el más pequeño jamás medido en color en esta región, ya deja una lección: a 4.500 millones de años de distancia, la memoria de los mundos pequeños sigue intacta.

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