El 4 de noviembre de 2026, un equipo internacional dirigido por Alexander Trokhimovskiy publicó en Science Advances la detección de cloruro de hidrógeno sobre las fisuras volcánicas de Alba Mons, en Marte. El gas aparece al principio del verano boreal, cuando su ciclo estacional dice que no debería estar ahí. Para los autores, la explicación más probable es magma caliente bajo la superficie, un signo de volcanismo dormido. La ESA presentó el resultado el 5 de noviembre de 2026 con una idea de fondo: Marte no está geológicamente muerto, solo duerme.

Un gas que no debería estar ahí

El orbitador ExoMars Trace Gas Orbiter (TGO) de la ESA detectó cloruro de hidrógeno (HCl) por primera vez en la atmósfera marciana en 2021. En la Tierra, ese gas sale de forma habitual por las chimeneas volcánicas. La pregunta era inmediata: ¿ocurría lo mismo en Marte?

El HCl tiene un ciclo estacional claro. Alcanza su máximo en el invierno del hemisferio norte y casi desaparece en verano. La mayor parte de esa variación parece ligada a los ciclos de polvo y de agua del planeta. Pero había una excepción, siempre en la misma estación y en el mismo lugar: por encima de las fisuras volcánicas de los flancos de Alba Mons, al principio del verano boreal.

Las mediciones hablan de concentraciones del orden de dos partes por mil millones en volumen. Es decir, de cada mil millones de moléculas de aire, dos son de HCl. Un espectrómetro como ACS, la suite de química atmosférica de TGO, descompone la luz por longitudes de onda y reconoce la firma de cada molécula. Con esa herramienta, el equipo vio el pico donde no tocaba.

Las detecciones anteriores de HCl, hechas a escala planetaria y en niveles del orden de la parte por mil millones, se tomaron durante la estación cálida del perihelio, el punto de la órbita de Marte más cercano al Sol. Se atribuyeron a fuentes ligadas a los aerosoles y a la atmósfera. Las nuevas llegan en la estación fría del afelio, el punto más alejado, y están aisladas en la región de Alba Mons. Esa combinación no encaja con el ciclo ordinario.

«El Trace Gas Orbiter logró encontrar la prueba decisiva. Era como buscar una aguja en un pajar. Es realmente asombroso que detectara un puñado de moléculas de una fuente quizá intermitente, mientras se desplazaba sin parar por su órbita para vigilar toda la atmósfera marciana», explica Daniel Mège, profesor en el Centro de Investigación Espacial de la Academia Polaca de Ciencias y coautor principal del estudio. Todas las citas de este artículo están traducidas del inglés.

Fisuras frescas en el lugar correcto

El gas cuenta una parte de la historia. La otra llegó de una cámara. CaSSIS, el instrumento de imágenes en color de TGO, miró de cerca la región de Alba Mons y encontró fisuras frescas y estrechas, en algunos casos de cientos de metros de longitud, asociadas a cambios de color en la superficie.

El artículo va más lejos. Identifica fisuras de menos de un metro de ancho y las interpreta como posibles caminos del HCl, conectados con cuerpos magmáticos en profundidad. Son fisuras frescas, muy finas, y su juventud es lo que las hace interesantes.

Fisuras estrechas y puntos blancos sobre los flancos de Alba Mons vistos por la cámara CaSSIS, posibles depósitos alrededor de respiraderos volcánicos.
Los flancos norte de Alba Mons vistos por CaSSIS el 3 de febrero de 2023. La escena cubre unos 20 km de ancho y está centrada cerca de 64,6°N y 274,4°E. Los puntos blancos podrían ser depósitos formados alrededor de respiraderos por los que escapan gases magmáticos. Crédito: ESA/TGO/CaSSIS.

La decoloración alrededor de las fisuras podría venir de depósitos dejados por gases que escapan del interior de Marte. En la Tierra, algo parecido ocurre alrededor de las fumarolas, esas aberturas volcánicas por las que salen gases y vapor sin lava.

El mecanismo: magma, hielo y una válvula estacional

El equipo conecta ese escape con una cámara magmática dormida, una especie de fontanería volcánica bajo la superficie marciana. Una cámara magmática es una bolsa de roca fundida que se acumula en la corteza y alimenta las erupciones. Dormida no significa vacía: conserva calor y puede seguir calentando las rocas de alrededor, y con ellas los gases atrapados en profundidad.

La idea propuesta tiene cinco pasos. El HCl, un gas magmático, sube por las fracturas. En invierno, las temperaturas en esas fisuras bajan hasta -120 °C y el hielo las sella. Esa tapa congela el escape, no lo apaga. Al principio del verano, el hielo se sublima, es decir, pasa directamente de sólido a gas, y libera el cloruro. TGO lo mide entonces como un pico fuera de temporada.

Esquema en cinco etapas del mecanismo: magma residual, subida del gas, sello de hielo, sublimación al principio del verano y detección del pico de HCl por TGO.
El mecanismo en cinco etapas: una cámara magmática dormida calienta la corteza, el HCl sube por las fracturas, el hielo sella las fisuras en invierno a -120 °C, la sublimación al principio del verano libera el gas y TGO mide el pico sobre Alba Mons. Esquema: Tracker-1, según Trokhimovskiy et al., Science Advances (2026).

El hielo explica también por qué el gas parece estacional aunque el escape pueda ser continuo. Según el blog de la ESA, el HCl podría rezumar todo el año, pero las partículas de hielo lo capturan con facilidad. Lo que vemos depende de la atmósfera y, por tanto, de las estaciones.

Fumarola de azufre en Hawái, con vapor y depósitos amarillos alrededor de la grieta, el análogo terrestre de los respiraderos de Alba Mons.
Una fumarola de azufre en Hawái, el análogo terrestre de los respiraderos marcianos: el gas caliente escapa por grietas y deja depósitos alrededor. En Alba Mons, los puntos blancos de las fisuras podrían tener el mismo origen. Crédito: USGS.

¿Marte muerto o dormido?

Marte tiene los volcanes más grandes del sistema solar, y no sabemos hasta qué punto siguen activos. Las imágenes orbitales muestran que algunos parecen haber estado activos en los últimos millones de años, y los sismómetros han detectado sismos marcianos. Los indicios de volcanismo más joven que decenas de millones de años se han ido acumulando. Pero nunca se ha observado una nueva colada de lava ni una erupción.

La ausencia de erupciones no prueba quietud. Como recuerda el blog de la ESA, la mayoría de los volcanes están dormidos y solo entran en erupción de forma excepcional, con periodos de reposo que pueden durar decenas de miles de años. Las probabilidades de fotografiar una colada en marcha son estadísticamente muy bajas.

Los autores lo formulan con prudencia: sus resultados se explican mejor por procesos ígneos, es decir, ligados al magma, en curso en el interior de Marte. Mège lo resume: «Nuestros hallazgos sugieren que Marte ha conservado suficiente calor interno para sostener actividad volcánica hasta hace poco, y quizá todavía lo haga». Su intuición nació al ver el mapa: «Al mirar la distribución espacial del escape, me resultó obvio al instante que había algo volcánico detrás, pero había que demostrarlo». Demostrarlo exigió mucho trabajo de química: «Una gran parte del trabajo consistió en examinar todos los procesos químicos posibles en la atmósfera marciana. Necesitábamos ser rigurosos, críticos y creativos para explicar la presencia de cloruro de hidrógeno. Los datos eran complejos, pero también un excelente alimento para el cerebro».

Colin Wilson, científico del proyecto TGO en la ESA, añade: «Estos hallazgos podrían llegar a ser el mayor éxito de TGO hasta la fecha».

Lo que cambia para la vida

Si la lava que sube por la corteza se encuentra con agua subterránea, puede crear nichos cálidos habitables. Es una posibilidad que el equipo plantea con cuidado. Además, gases magmáticos como el HCl pudieron ser más abundantes en el pasado y contribuir a una atmósfera más densa y a un clima más cálido, capaz de permitir que el agua líquida cubriera buena parte de la superficie marciana.

Los ambientes hidrotermales, es decir, los sistemas de agua calentada por magma, están entre los principales lugares donde la vida apareció en la Tierra. Aportan energía y protección contra un entorno hostil o cambiante durante largos periodos. Bajo la superficie de Marte podrían ofrecer algo parecido.

De ahí la frase de Mège: «Buscar vida marciana en las fisuras que rezuman de la región de Alba Mons tendría mucho sentido. Si los sistemas hidrotermales están activos, podrían contener los ingredientes y la energía que necesitan los microorganismos para desarrollarse, y protegerlos del entorno hostil y cambiante que hay sobre la superficie».

Conviene no dar un paso de más. Nada de esto es una prueba de vida. El propio título del artículo habla de una «firma potencial» de actividad ígnea, y los autores presentan sus datos como indicios. El hallazgo abre una hipótesis y un objetivo para futuras observaciones, no un capítulo cerrado.

Para ir más lejos