El 27 de octubre de 2026, la NASA confirmó UVEX, el UltraViolet EXplorer. La agencia compromete 590 millones de dólares para todo el ciclo de vida y un lanzamiento a más tardar en enero de 2031. El encargo: el primer mapa profundo del cielo entero en ultravioleta, la luz invisible que delata a las estrellas más jóvenes y a las galaxias que aún fabrican su población estelar. Dirige el proyecto Fiona Harrison, de Caltech, en Pasadena.

Lo que de verdad cambia el KDP-C

Hasta ahora, UVEX era un proyecto en estudio. La NASA lo seleccionó en 2024 como Explorer de clase media, una categoría reservada a las misiones de tamaño intermedio. Con la revisión KDP-C, ese estatus cambia: la agencia deja de financiar un estudio y empieza a encargar un observatorio. El coste total se fija en 590 M$ e incluye desarrollo, lanzamiento y operaciones. El calendario también, con un despegue a más tardar en enero de 2031.

Esquema sobre fondo azul noche con tres tarjetas: 590 M$ de presupuesto total, enero de 2031 como fecha límite y 100 veces más sensibilidad que GALEX.
Tres cifras para resumir el compromiso de la NASA. Esquema: Tracker-1, a partir del blog de la NASA del 27 de octubre de 2026 y del sitio de la misión UVEX.

Conviene leer la letra pequeña. La NASA habla de un lanzamiento a más tardar en enero de 2031, no de una fecha garantizada. Es una fecha límite, la que sostiene el compromiso económico, y deja margen a una misión que aún debe ensamblar telescopio, nave y detectores.

Una luz que la atmósfera nos quita

El ultravioleta es la luz que está justo más allá del violeta, invisible para el ojo humano. Es la que broncea la piel en verano. Sus fotones, los granos de luz que la forman, llevan hasta varias decenas de veces más energía que los de la luz visible, recuerda Caltech.

Esa energía la convierte en un mensajero valioso. Las estrellas jóvenes y calientes brillan con fuerza en ultravioleta, y lo mismo hacen las galaxias que forman estrellas a todo ritmo. Observar ese resplandor es asomarse al taller donde se fabrica la juventud del universo, no solo a su luz más vieja. El problema es la atmósfera, que absorbe la mayor parte de ese flujo. De ahí la órbita.

El antecedente se llama GALEX, Galaxy Evolution Explorer, un telescopio de la NASA dirigido por Caltech que cartografió el cielo ultravioleta entre 2003 y 2013. Caltech presenta UVEX como la primera gran misión espacial ultravioleta en dos décadas. Toma el relevo con una ganancia de sensibilidad de 50 a 100 veces, y con una profundidad y una resolución comparables a las de los grandes sondeos ópticos e infrarrojos actuales.

La galaxia M94 vista en ultravioleta por GALEX: un anillo de estrellas jóvenes rodea un núcleo brillante sobre el fondo negro del cielo.
M94, a unos 17 millones de años luz, vista en ultravioleta por GALEX. Los anillos luminosos delatan estrellas jóvenes y calientes. Crédito: NASA/JPL-Caltech.

Dos instrumentos para mirar el cielo muchas veces

UVEX lleva dos instrumentos que se reparten el trabajo. El primero es una cámara de gran campo que observa a la vez dos bandas del ultravioleta, como una cámara con dos filtros montados en paralelo. El segundo es un espectrógrafo de rendija larga y ancho variable, que estira la luz de un objeto en sus longitudes de onda, como un prisma convierte un rayo de sol en una banda de colores. Ese espectro, la huella química que deja la luz al descomponerse, revela qué elementos hay y a qué velocidad se mueve el material.

La misión no se limita a fotografiar una vez. Planea un sondeo con cadencia del cielo entero, es decir, pasadas repetidas por las mismas zonas, para detectar lo que cambia y dejar un archivo útil durante años. Esa repetición es la mejor fábrica de descubrimientos imprevistos.

Los objetivos se cuentan por millones. UVEX debe identificar millones de galaxias pequeñas y cercanas, de baja masa y pobres en elementos pesados, ricas en estrellas jóvenes, que la luz visible confunde con galaxias lejanas de aspecto parecido. «En luz óptica es muy difícil distinguir estas galaxias cercanas de otras lejanas que parecen iguales. El ultravioleta las hace más fáciles de encontrar», explica Fiona Harrison. La razón es sencilla: la luz ultravioleta de las galaxias próximas llega casi intacta, mientras que la de las lejanas, estirada por la expansión del universo, se ha desplazado al infrarrojo.

El sondeo también debe atrapar estrellas masivas despojadas, astros a los que una compañera ha arrancado la capa exterior de hidrógeno. Solo se conocen unas pocas. UVEX encontrará cientos, según Kareem El-Badry, y podrá ver directamente qué esconde su interior. Las Nubes de Magallanes, dos galaxias satélite de la nuestra, servirán de laboratorio cercano para estudiar estrellas calientes en un entorno pobre en elementos pesados.

Kilonova: la luz que solo existe unas horas

El 17 de agosto de 2017, los detectores de ondas gravitacionales LIGO y Virgo registraron por primera vez la fusión de dos estrellas de neutrones. Las ondas gravitacionales son vibraciones del espacio-tiempo y las produce cualquier movimiento brutal de materia muy masiva. El evento, bautizado GW170817, ocurrió a unos 130 millones de años luz y fabricó oro y otros elementos pesados, los ladrillos de las estrellas y los planetas.

Una colisión así produce una kilonova, una explosión que brilla con fuerza en ultravioleta y después se enfría y enrojece en cuestión de días. El ultravioleta es la ventana de las primeras horas. Y ahí manda la velocidad. UVEX recibirá el aviso de los detectores, girará en unas horas y tomará imágenes y espectros antes de que el resplandor se apague.

Caltech resume el reto con palabras de Mansi Kasliwal, miembro del equipo: Hubble tiene capacidades ultravioleta, pero no puede reorientarse lo bastante rápido para seguir un evento en directo. UVEX está pensado para eso, con un cupo de tiempo reservado a las alertas de la comunidad, los llamados objetivos de oportunidad (ToO, por sus siglas en inglés). Cualquier equipo puede pedir que apunte a un fenómeno imprevisto. La misión también seguirá supernovas en sus primeras horas, cuando su luz aún cuenta cómo se derrumbó la estrella.

Simulación de dos estrellas de neutrones que se acercan, se deforman y acaban fusionándose en un agujero negro, sobre un fondo oscuro.
Simulación de la fusión de dos estrellas de neutrones, el escenario que produce una onda gravitacional y después una kilonova. Crédito: NASA/GSFC.

Detectores de móvil y un legado que va más allá

La tecnología de a bordo merece un apartado. Los sensores de UVEX derivan del CMOS, la tecnología de imagen que hoy llevan miles de millones de teléfonos. El equipo de Shouleh Nikzad, en el JPL, ha pasado décadas adaptándola al ultravioleta con filtros y recubrimientos especiales. Caltech, SRI International y el JPL desarrollan los sensores conjuntamente. La NASA estudia la misma familia para el futuro Habitable Worlds Observatory, un telescopio gigante aún en estudio que tendrá que fotografiar planetas parecidos a la Tierra.

La organización se reparte entre varias instituciones. Fiona Harrison, que también dirige NuSTAR, un telescopio de rayos X lanzado en 2012, y que copresidió el informe decenal Astro2020 que fija las prioridades de la astronomía estadounidense, habla de «la oportunidad sin explotar del ultravioleta». Harrison es la investigadora principal. El instrumento se desarrolla entre Caltech y la Universidad de California en Berkeley, y el laboratorio de ciencias espaciales de Berkeley gestiona la misión. Northrop Grumman construye la nave, el JPL aporta los detectores y el IPAC procesa y archiva los datos. El Space Dynamics Laboratory figura también entre las instituciones implicadas. Ray Jayawardhana, presidente de Caltech, lo describe como «un salto audaz en nuestra exploración del universo ultravioleta».

UVEX no trabaja solo. El telescopio Nancy Grace Roman cartografía el universo en infrarrojo, la luz que está más allá del rojo y atraviesa mejor el polvo. El sondeo Rubin observa el cielo visible desde Chile, SPHEREx lo barre en infrarrojo y ZTF vigila el cielo nocturno desde tierra. Con UVEX, la astronomía de dominio temporal, la que estudia fenómenos que cambian de una noche a otra, gana el tramo que le faltaba. Juntos formarán un mapa moderno del universo en varias longitudes de onda.

Vista de artista del telescopio espacial Nancy Grace Roman, el gran observatorio infrarrojo de la NASA, representado en el espacio.
El telescopio Nancy Grace Roman, cuyo rastreo infrarrojo completará el mapa ultravioleta de UVEX. Crédito: NASA/GSFC.

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