El 7 de noviembre de 2026, la NASA presentó en el Centro Espacial Kennedy, en Florida, PROMISE, un rover lunar de seis ruedas que funcionará con un generador nuclear y que el JPL monta con piezas de los rovers marcianos Curiosity y Perseverance. Debe posarse cerca del polo sur de la Luna a finales de 2028. La misma jornada, la agencia seleccionó a ocho empresas para la nueva generación de contratos de entrega lunar. La NASA no diseña una máquina desde cero. Reconvierte tecnología ya probada en Marte para llegar antes y gastar menos.

Seis ruedas y un generador de plutonio

PROMISE son las siglas de Polar Rover for Observation, Mapping, and In-Situ Exploration, es decir, un rover polar para observar, cartografiar y explorar el terreno. La NASA lo describe como un vehículo del tamaño de un todoterreno grande. Lleva seis ruedas, instrumentos científicos y demostraciones tecnológicas. Debe caracterizar la superficie y el subsuelo, evaluar los recursos y reunir datos para elegir los sitios de aterrizaje y preparar futuras infraestructuras.

La pieza que cambia todo es el generador, un MMRTG o generador termoeléctrico de radioisótopos multi-misión. El plutonio 238 se desintegra de forma natural y libera calor. Unos termopares, que generan corriente cuando sus dos caras están a distinta temperatura, convierten parte de ese calor en electricidad. Al inicio entrega unos 110 vatios, la potencia de una bombilla potente. Es poca potencia, pero llega de forma continua, sin depender del Sol, de la temperatura ni del polvo.

Esa continuidad decide la misión. La noche lunar dura mucho más que una noche en la Tierra, y hay cráteres del polo sur donde la luz solar no entra nunca. Un rover solar tendría que apagarse. PROMISE puede seguir trabajando a oscuras. Además, el excedente de calor mantiene la electrónica por encima del frío extremo.

El generador MMRTG del rover Perseverance, un cilindro oscuro con aletas, colocado entre los paneles intercambiadores de calor con tubos dorados en la parte trasera del rover.
El generador MMRTG de Perseverance, del mismo tipo que llevará PROMISE. Convierte el calor del plutonio 238 en electricidad y mantiene caliente la electrónica. Crédito: NASA/JPL-Caltech.

El montaje sigue una rutina conocida. El generador se coloca entre los intercambiadores de calor traseros, como en Perseverance, y se instala en una sala especializada al llegar al sitio de lanzamiento.

Esquema en cinco pasos del sistema de energía nuclear de PROMISE: el plutonio 238 se desintegra y libera calor, el RTG lo convierte en electricidad, el rover trabaja durante la noche lunar, el calor sobrante protege la electrónica y PROMISE entra en la sombra para perforar los cráteres.
Cómo un generador nuclear permite a PROMISE rodar y sobrevivir a la noche lunar. La desintegración del plutonio 238 aporta el calor, los termopares lo transforman en electricidad y el exceso se reutiliza para calentar la electrónica. Esquema: Tracker-1, a partir de NASA/JPL-Caltech (2026).

Piezas de Curiosity y Perseverance para ir más rápido

El Jet Propulsion Laboratory, el laboratorio de Caltech que trabaja para la NASA, dirige la misión y construye el rover. No parte de cero. Usa piezas de vuelo de repuesto y modelos de ensayo de Curiosity y Perseverance, y transforma la electrónica, la estructura y la movilidad de la copia de Curiosity que fue banco de pruebas en tierra. Reutilizar material ya probado reduce el coste y acorta el montaje y las pruebas. La NASA comprobó que ese hardware tolera el entorno lunar y las condiciones del polo sur.

Una perforadora para buscar hielo bajo el polvo

El objetivo del viaje es el agua. Algunos cráteres del polo sur no reciben nunca la luz del Sol. Son las regiones en sombra permanente, pozos de frío donde el hielo de agua podría haberse conservado. El cráter Shackleton mide unos 21 kilómetros de ancho y 4 kilómetros de profundidad, y su interior podría esconder hielo y volátiles congelados.

PROMISE lleva una perforadora que extrae regolito, la capa de polvo y fragmentos de roca que cubre la Luna, hasta aproximadamente un metro de profundidad. Ese metro es la diferencia entre mirar y medir. Analiza el material con espectrómetros, que revelan su composición química, con sensores de temperatura y radiación y con cámaras de luz visible.

Cuatro de sus instrumentos, TRIDENT, MSOLO, NIRVSS y NSS, también vuelan en VIPER, así que ambos aportarán datos complementarios desde dos zonas del polo sur. Un reflector láser de 5 centímetros permite localizar el rover desde una nave en órbita. A bordo viaja además el ordenador High Performance Spaceflight Computing, tolerante a la radiación, y algoritmos que le dejan decidir dónde avanzar.

Blue Origin, 94 millones y un aterrizador Mark 1

Blue Origin recibió un contrato base de 94 millones de dólares, con una opción de 140 millones ligada al rendimiento, para llevar PROMISE al polo sur. Usará su aterrizador Mark 1 para depositarlo y desplegarlo en la primera fase de Moon Base. El encargo amplía una orden de mayo de 2026 para entregar dos vehículos de superficie lunares.

La NASA apunta a un lanzamiento a finales de 2028 y planea una misión de 18 meses. Son objetivos, no certezas. «Estamos construyendo la Base Lunar misión a misión», dijo el administrador Jared Isaacman. Carlos García-Galán, responsable del programa Moon Base, sitúa el anuncio ocho meses después del arranque de Ignition.

Ilustración de una base lunar en el polo sur con astronautas, hábitats, un rover, paneles solares y carga sobre un terreno gris accidentado.
Ilustración de la base lunar que la NASA quiere instalar cerca del polo sur. PROMISE debe servir de explorador en esta primera fase, antes de la llegada de los astronautas. Crédito: NASA.

Ocho empresas y 10 000 millones para el transporte lunar

La otra mitad de la noticia trata de cómo llega el material a la Luna. La NASA seleccionó a ocho empresas para la siguiente fase de CLPS, las siglas de Commercial Lunar Payload Services. El programa funciona como un servicio de reparto: la agencia compra un viaje, no un aterrizador. Las ocho empresas competirán por encargos futuros: Blue Origin, Firefly Aerospace, Intuitive Machines, ispace-U.S., Lockheed Martin Space, Northrop Grumman Space Systems, SpaceX y Voyager Technologies.

El marco es un contrato maestro de diez años, con múltiples adjudicatarios y un valor máximo combinado de 10 000 millones de dólares. En paralelo, la NASA subió el contrato vigente de CLPS 1.0 de 2 600 a 4 200 millones de dólares para financiar la primera fase de Moon Base. Ese contrato sigue en pie hasta noviembre de 2028, con cinco años más para completar las entregas adjudicadas hasta noviembre de 2033.

Seis encargos de lanzamiento y transporte, por unos 1 300 millones en total, caen dentro del contrato VADR, un marco de diez años con un techo de 5 000 millones de dólares. La NASA prepara además una convocatoria para sistemas de energía integrados a principios de 2027.

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